La mansión de la masonería.

Foto: Juan José Quezada

En la calle 18 con carrera 5ª, oculta tras los muros –y muy pronto por la sombra de la colosal torre Bacatá–, se encuentra la mansión Kopp Dávila, patrimonio histórico y arquitectónico de Bogotá, preservado por la Gran Logia Masónica de Colombia desde hace tres décadas. Fue declarada bien de interés cultural en el 2001.

Por: Diana Gutiérrez Forero y Daniel Alejandro Pinilla Cadavid
dianacrisgf17@hotmail.com y dalejopinillacadavid@gmail.com

La idea de construir la imponente casa de estilo francés fue de Leopoldo Kopp y Castello, hijo de Leo Siegfried Kopp Koppel, fundador de lad cerveceríad Bavaria y Fenicia. La casa, ubicada en el tradicional barrio de Las Nieves, es una de las joyas de la arquitectura doméstica que sobrevivió al Bogotazo, en abril de 1948, cuando era uno de los lugares residenciales más exclusivos de la ciudad. La diseñó y construyó en 1923, el arquitecto Alberto Manrique Martín, quien había construido junto con su padre la fábrica cervecera, de la cual se conservan dos edificios en la Plazoleta Bavaria.

Fachada de la Mansión Kopp. Foto: Juan José Quezada
Fachada de la Mansión Kopp. Foto: Juan José Quezada

Para el arquitecto Néstor Alfonso Sanabria, de la Universidad Nacional de Colombia, el edificio se descarga hacia un costado, y el resto corresponde a una amplia zona verde con jardín. “La casa tiene una clara influencia europea tanto en el lenguaje propio del edificio, como en los materiales utilizados. Los muros enchapados, la carpintería en madera y el estuco en los interiores, así como la piedra en el exterior, estaban reservados a edificios distintivos de la ciudad”, dice Sanabria.

La distribución de la casa en dos plantas establece relaciones entre lo “privado” y lo público: la primera planta corresponde a las áreas sociales, servicios y servidumbre, mientras que en la segunda se ubican las privadas: los cuartos separados del matrimonio Kopp Dávila y una sala intermedia. Entre estos dos pisos, se encuentra la escalera de caracol, que hacía parte del recibidor.

Fotos: Juan José Quezada
Fotos: Juan José Quezada

La casa es sede de la Gran Logia Masónica en Colombia, que se la compró a doña Olga Dávila en 1988, cuando la remodeló el arquitecto Orlando Solano Bárcenas. Doña Olga enviudó en 1938, y se volvió a casar en 1953 con el ex presidente de la República, Alfonso López Pumarejo, quien vivió en la mansión hasta 1955.

La relación entre la Logia y la casa era muy cercana: Leo Kopp se unió a la Logia Masónica Propagadores de la Luz Nº 1, en 1913. Además, doña Olga tenía parentesco con tres de sus grandes Maestros: era cuñada de Miguel López Pumarejo, Gran Maestro entre 1928-1931 y 1936; tía de Álvaro López Holguín, Gran Maestro entre 1971-1975, y tía abuela política de Jorge Gaviria Liévano, Gran Maestro entre 1991-1995. Olga Dávila tuvo tres hijas, que se casaron con Ernesto Pombo, Guillermo Gómez y Alberto Samper, según recuerda José Germán Vengoechea, director de Divulgación Institucional de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, quien conoció a doña Olga y visita la casa con frecuencia.

Por esta unión tan estrecha entre la élite, el poder y la historia, la mansión Kopp Dávila no es solo una joya arquitectónica: “Tiene en sí misma, un trozo de la memoria del país”,asegura, Sanabria.

La transformación de la casa para ser adaptada como mansión-museo fue radical, pero se mantuvieron las lógicas familiares. Por ejemplo, la habitación de doña Olga es ahora la oficina del Gran Maestro de Colombia; ella tenía una cama empotrada en la pared, a la que el Maestro le da la espalda en su oficina. Los baños de la pieza principal, que estaban adornados con vitrales, ahora son los baños comunes de la segunda planta. El despacho de la pareja es la oficina de la secretaria. Del ascensor no quedó rastro. El arquitecto y hermano masón, José Germán Vergoechea afirma que “lo único de la casa que se conserva en el museo es un cuadro del papá de leo Kopp, pintado por Ricardo Gómez Campuzano”.

Falsas creencias

Los masones siempre han sido catalogados como misteriosos, pero ese hermetismo responde a un imaginario colectivo, no a la realidad: “Como esas ideas flojas de que La gran Logia de Colombia, fundada regularmente en 1922, reúne ateos y fantasmas”, afirma Diego De la Cruz, encargado de las comunicaciones de la Logia.

Aunque siempre se ha creido que la organización está cerrada a cualquier contacto con el público, desde que la logia compró la casa, ha prestado servicio de restaurante en sus dos comedores, “solo que en la noche los hermanos masones llenan los comedores cuando salen de los templos. Además, hay un museo que siempre ha estado abierto al público”,dice José Germán Vengoechea, arquitecto y director de Divulgación Institucional de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y “hermano masón”. En el edificio de tres pisos, que corresponde a la fachada de la carrera 5ª, se encuentran los templos, “que permiten el ingreso cuando hay tenidas públicas, es decir,  servicios matrimoniales y funerales”,agrega Vengoechea.

Quizá muchas personas se despistan porque la que era la fachada interior de la casa –que permanece oculta por un muro exterior–, es ahora la entrada principal, a la que se accede por el parqueadero. Al lado derecho, se eleva una pared con el símbolo más característico de la masonería: el compás y la escuadra, que hacen referencia a los ideales masones. Luego se llega a un antejardín donde se erigen los bustos de ilustres personajes colombianos, los expresidentes liberales Eduardo Santos y Alberto Lleras Camargo.

Fotos: Juan José Quezada
Fotos: Juan José Quezada
Fotos: Juan José Quezada
Fotos: Juan José Quezada

Dentro de la casa, en una especie de pasadizo, hay unas cámaras subterráneas donde los masones se preparan para los rituales. El masón cree en el Gran Arquitecto del Universo, el creador de todas las cosas. Además, cree que la búsqueda espiritual se da dentro de sí mismo, es decir, que debe conocerse a sí mismo para aceptar la responsabilidad de sus actos, y aprender a no culpar a nadie por sus fracasos; en otras palabras, el masón es el arquitecto de su propio destino. En una bóveda subterránea aparece esta leyenda escrita en una pared: “Si tu alma siente pavor, no prosigas”. Dentro de la casa también se pueden apreciar varias veces la sigla S.F.U, que significa Salud, Fuerza y Unión y A.L.G.D.G.A.D.U.,A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo; códigos que solo se utilizan en la logia.

En un pasillo se encuentra una placa en homenaje a los Grandes Maestros de la Gran Logia de Colombia, fundada en 1922, entre ellos, Miguel López Pumarejo, Darío Echandía, Tulio Rubiano, Álvaro García Herreros y Jorge Valencia Jaramillo (quien ostentó este título entre 2007 y 2011).

Símbolos masones

Al recorrer la casa con la psicóloga y experta en simbología, Dulce María Bautista, se aprecian los símbolos masones más emblemáticos: las dos columnas, cada una con una piedra al lado que representa el interior del hombre listo para ser esculpido. El águila equivale a un grado filosófico y simboliza el poder; lo que está en el corazón de los humanos. La espada flamígera es la espada justiciera, que quema y está sobre el Libro de la Ley, con los principios que todo masón debe conocer y cumplir.

Además del aura mística del lugar, y de que existen dos templos masones contiguos a la casa, se pueden apreciar otros espacios cotidianos donde los hermanos masones se sientan a conversar, a tomar un café o si lo prefieren van al bar, donde hay un cantinero dispuesto a servirles un trago de la casa. También hay un salón que aloja las piezas más valiosas de la Logia y los archivos históricos. Allí están los presidentes que pertenecieron a la masonería, y otros que no pudieron unirse a la orden, aunque habían sido admitidos, como Jorge Eliécer Gaitán y Carlos Lleras Restrepo.

Símbolos del templo Benjamín Herrera. Foto Felipe Eljach
Símbolos del templo Benjamín Herrera. Foto Felipe Eljach

Al subir las escaleras hacia el segundo piso, llama la atención un gran vitral en una cúpula donde se puede ver la rueda zodiacal en colores vistosos, y en el centro aparecen el compás y la escuadra. Este lugar, el más alto de la casa, pareciera representar la conexión del hombre con el universo.

En uno de los templos, el piso es ajedrezado y la arquitectura está direccionada de oriente a occidente. Hay algunas esculturas de símbolos masones y  banderas de las 46 logias que forman la organización; también está una Biblia y encima un compás con una escuadra. En la última parte del templo se ve un escudo del triángulo esotérico de la divinidad donde se ubica el maestro.

 “Hermanos Masones” de hoy

Podría decirse que la oscuridad de los pasillos en la Mansión Kopp contrasta con la notoriedad pública de los masones, personalidades del mundo de la política y de la cultura, como lo fueron los antepasados. Entre los masones se encuentran políticos, como el ex presidente Ernesto Samper Pizano y su ex vicepresidente Horacio Serpa Uribe, conocido como ‘el  Armadillo’. Según Dulce María, muchos conflictos políticos tienen una explicación mística, “por ejemplo, la pelea entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe puede estar cargada de estos componentes puesto que Uribe es Opus Dei y Santos de familia con tradición masónica”.

Para ingresar a la masonería hay que cumplir ciertos requisitos, como el de ser profesional, “pues si no se tiene una base cultural no va a entender nada, y va a salir de aquí hablando mal de la masonería”,  asegura un masón activo. En la masonería hay rangos: el Maestro, el oficial y el aprendiz o iniciado. “El iniciado está ‘doliente y triste cual flor de holocausto’ porque es una flor roja, vistosa, vital que aparece en medio de la ceniza”, explica Mario Ignacio Díaz, Gran Ecónomo de la Logia.

Interior del templo Benjamín Herrera. Foto: Felipe Eljach
Interior del templo Benjamín Herrera. Foto: Felipe Eljach

Los hermanos masones, como se llaman entre ellos, están en constante actividad. Las logias realizan todo tipo de ceremonias, como: Filantropía Bogotana, Forjadores de Igualdad, Hermética 25, Pitágoras 28, Estrella del Tequendama, Cosmos 50, entre otras.

En este 2012, con la construcción de los 64 pisos de la torre Bacatá, la manzana de la masonería estará condenada al caos centro capitalino y sufrirá el impacto de la colosal obra. Pero también se abrirán las puertas a los interesados en conocer el palacete y saber más sobre la cultura masónica, porque se iniciaron las visitas guiadas para máximo cinco personas. “Bueno que hagan esto, es un lugar bonito para visitar y la gente se dará cuenta de que ya no somos brujos”, dice, Vengoechea, hermano masón con tono guasón.

*Este artículo fue publicado originalmente en la versión impresa de la Revista Directo Bogotá en su edición # 36 de 2012

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3 comentarios en “La mansión de la masonería.

  1. Segun el historiador eduardo lemaitre la casa de familia de Rafael Reyes quedaba en la cra 5 con calle 8, direccion similar a la de èsta casa, Reyes fallecio en ella en 1921, la casa Kopp segun su articulo se construyo en el 23, tiene alguna informacion acerca de si se trata de la misma casa o si eran vecinos?

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